Estudio Bíblico de Descubrimiento
La familia de la promesa
Contenido
- Cómo funciona un Estudio Bíblico de Descubrimiento
- Cómo usar este plan
- 1Dios dice ve, y Abram va Génesis 12:1-9
- 2Abram deja que Lot escoja primero Génesis 13:1-18
- 3Cuenta las estrellas Génesis 15:1-6
- 4Sara se ríe Génesis 18:1-15
- 5Nace Isaac Génesis 21:1-7
- 6Dios da el cordero Génesis 22:1-14
- 7Un siervo ora por la esposa correcta Génesis 24:10-27
- 8Dos hermanos y un plato de guiso Génesis 25:19-34
- 9Jacob finge ser Esaú Génesis 27:1-29
- 10El sueño de la escalera Génesis 28:10-22
- 11Luchando hasta el amanecer Génesis 32:22-32
- 12Dos hermanos hacen las paces Génesis 33:1-11
- 13Los sueños de José, y el pozo Génesis 37:1-28
- 14José delante del faraón Génesis 41:14-40
- 15Yo soy José, su hermano Génesis 45:1-15
Cómo funciona un Estudio Bíblico de Descubrimiento
Esta página es para ti, el papá, la mamá o el maestro — no para el niño.
Todos los días de este plan tienen la misma forma, y es la misma forma que usan los adultos. Tu trabajo no es explicar el pasaje. Tu trabajo es leerlo, hacer las preguntas y esperar — un niño que aprende estas cuatro preguntas puede entrar a cualquier estudio bíblico por el resto de su vida.
Comer, digerir, crecer
- Comer la PalabraLee el pasaje en voz alta dos veces — primero tú, y después deja que lo lea el niño si ya puede. Cierra la Biblia y pídele que lo cuente con sus propias palabras. Este es el paso que todos se saltan, y es el que hace el trabajo. Si sale flojo, léelo otra vez y deja que lo intente de nuevo.
- DigerirHaz las cuatro preguntas y deja que el silencio se quede ahí. Un niño de siete años necesita más tiempo del que crees, y lo primero que dice casi nunca es lo que quiere decir.
- CrecerEl crecimiento es la parte de Dios, no la tuya. Uno planta, otro riega, pero Dios da el crecimiento (1 Corintios 3:6–7). Haz el día con fidelidad; no tienes que lograr nada tú.
Las cuatro preguntas
Debajo de cada día hay una versión de cada una hecha para niños. Usa esas hasta que le queden bien las normales.
- ¿Qué me enseña esto sobre Dios?
- ¿Qué me enseña sobre las personas — y sobre mí?
- ¿Qué voy a obedecer esta semana?
- ¿A quién se lo voy a contar?
Cómo es un día
- Léelo dos vecesEn voz alta. Tú primero; deja que lo lea él la segunda vez si ya puede.
- Pídele que lo cuenteCon la Biblia cerrada y con sus propias palabras. Si sale flojo, léelo otra vez.
- Haz las cuatro preguntasY espera. No le llenes el silencio.
- Que aterrice un compromisoCada niño termina una frase que empieza con «Voy a…». Pequeño y real es mejor que grande y vago — ponle un nombre y un día.
- OrenAl final, no al principio. Sus propias palabras son mejores que la oración impresa.
No lo enseñes
El instinto más fuerte que vas a tener es explicar. Resístelo. En el momento en que empiezas a enseñar, el niño deja de descubrir, y cambiaste una habilidad que podía conservar por una respuesta que va a olvidar. Si dice algo que no está en el pasaje, no lo corrijas — pregúntale, con cariño: «¿dónde ves eso en la historia?», y deja que regrese a buscarlo.
Quince o veinte minutos, no una hora. Si se pierden un día, sigan donde se quedaron — lo que empiecen, termínenlo.
Cómo usar este plan
Esta página es para ti, el papá, la mamá o el maestro — no para el niño.
Quince estudios, cinco días entre semana, tres semanas. Un pasaje corto por día. Está hecho para ser todo el tiempo bíblico del niño ese día y para durar quince o veinte minutos, no una hora.
Este plan sigue donde se quedó En el principio. No hace falta haber hecho aquel primero, pero si lo hicieron, dilo el primer día: el Dios que seguía buscando a la gente en Babel es el mismo que ahora escoge una familia y le hace una promesa.
Cómo es un día
- Lee el pasaje en voz alta. Dos veces. La primera vez léelo tú. Deja que el niño lo lea la segunda vez si ya puede.
- Cierra la Biblia y pídele que lo cuente con sus propias palabras. Este es el paso que todos se saltan, y es el que hace el trabajo. Si sale flojo, léelo otra vez y deja que lo intente de nuevo. No conviertas el recuento en una clase — solo pregunta: «¿y qué pasó después?».
- Haz las cuatro preguntas (están justo abajo). Deja que el silencio se quede ahí. Un niño de siete años necesita más tiempo del que crees, y lo primero que dice casi nunca es lo que quiere decir.
- Ayúdale a aterrizar un compromiso: una cosa que de verdad va a hacer. Pequeño y real es mejor que grande y vago.
- Oren. La oración de cada día está ahí si la quiere usar; sus propias palabras son mejores. Oren al final, no al principio — es una respuesta a lo que encontró, no una pista de lo que se suponía que encontrara.
Las cuatro preguntas
Todos los días, las mismas cuatro:
- ¿Qué me enseña esto sobre Dios?
- ¿Qué me enseña sobre las personas — y sobre mí?
- ¿Qué voy a obedecer esta semana?
- ¿A quién se lo voy a contar?
Debajo de cada día vas a encontrar una versión de cada una hecha para niños. Usa esas si la forma normal le queda grande; usa las cuatro normales en cuanto pueda con ellas. Son las mismas cuatro preguntas que usan los planes para adultos, y eso es a propósito: un niño que aprende estas cuatro puede entrar a cualquier estudio bíblico por el resto de su vida.
No lo enseñes
El instinto más fuerte que vas a tener es explicar. Resístelo. En el momento en que empiezas a enseñar, el niño deja de descubrir, y cambiaste una habilidad que podía conservar por una respuesta que va a olvidar.
Si dice algo que no está en el pasaje, no lo corrijas — pregúntale, con cariño: «¿dónde ves eso en la historia?». Deja que regrese a buscarlo. Si algo le queda mal entendido hoy y nadie lo cacha, se lo va a volver a encontrar — la Biblia es larga y Dios es paciente.
Nadie en esta familia es el héroe
Esto es lo que hay que sostener durante tres semanas. Abraham miente sobre su esposa. Jacob engaña a su hermano y a su papá. Los hermanos de José lo venden. El niño se va a dar cuenta, y la respuesta honesta es la buena: no, no eran buenas personas, y Dios cumplió su promesa de todos modos. El héroe de estos quince días es Dios.
No conviertas a cada personaje en una moraleja — «sé valiente como Abraham», «no seas envidioso como los hermanos». Deja que el niño responda primero la pregunta 1, siempre. Lo que la historia muestra sobre Dios es la que sostiene todo lo demás; el resto viene solo.
Que el compromiso sea real
Ponle un nombre y un día.
✗ «Voy a ser más amable con mi hermano». ✓ «Mañana al salir de la escuela voy a dejar que Mateo escoja primero el juego».
Y después pregúntale al día siguiente, antes de leer. ¿Lo hiciste? ¿A quién se lo contaste? Preguntar es lo que convierte esto de un plan de lectura en una costumbre de obedecer.
Edades, y edades mezcladas
Escrito para más o menos 6 a 12 años. Un niño de seis necesita que se lo leas y va a responder en una frase; uno de once puede leerlo solo y escribir sus respuestas. Si tienes a los dos en la mesa, lee una vez para todos y deja que cada quien responda a su nivel. No los separes — los chicos aprenden a responder oyendo a los grandes hacerlo.
Los días difíciles
Tres de estas historias tienen peso de verdad, y están en el plan a propósito. No te las saltes y tampoco las adornes:
- Día 6 (Abraham e Isaac). El día más difícil del plan, y a un niño chico le puede dar miedo. Quédate donde se queda el texto: Dios lo detiene, y Dios provee el carnero. Di en voz alta que Dios nunca quiso que Isaac muriera — quería el corazón entero de Abraham, y después él mismo dio el cordero. Si tu hijo lo puede sostener, este es el día para decirle que Dios después dio a su propio Hijo y no lo detuvo.
- Día 9 (la mentira de Jacob). Una familia conspira entre sí y le funciona. No lo suavices como si fuera una travesura lista — es una traición de verdad, y le cuesta a Jacob veinte años lejos de su casa. Deja que el niño diga claramente que estuvo mal.
- Día 13 (José en el pozo). Unos hermanos tiran a un niño a un hoyo y lo venden. Dilo corto y claro, y ocupa el tiempo en que Dios se queda con José en Egipto — que es a donde va la historia después.
Si el niño se angustia, para y hablen de eso. Un estudio corto con una conversación de verdad vale más que terminar la página.
Si se pierde un día
Sigue donde se quedaron. Quince estudios son quince estudios, tarden tres semanas o cinco. Lo que empiecen, termínenlo.