Estudio Bíblico de Descubrimiento

Reyes y profetas

Contenido

  • Cómo funciona un Estudio Bíblico de Descubrimiento
  • Cómo usar este plan
  1. 1Ana le pide un hijo a Dios 1 Samuel 1:9-20
  2. 2Habla, te estoy escuchando 1 Samuel 3:1-10
  3. 3Dios mira el corazón 1 Samuel 16:1-13
  4. 4David y el gigante 1 Samuel 17:32-50
  5. 5Dos amigos que cumplieron su promesa 1 Samuel 20:12-17
  6. 6Un lugar en la mesa del rey 2 Samuel 9:1-13
  7. 7El Señor es mi pastor Salmo 23
  8. 8Salomón pide sabiduría 1 Reyes 3:5-15
  9. 9La tinaja que nunca se acabó 1 Reyes 17:8-16
  10. 10Fuego en el monte Carmelo 1 Reyes 18:20-39
  11. 11Lávate siete veces 2 Reyes 5:1-15
  12. 12Huyendo para el otro lado Jonás 1:1-17
  13. 13Una segunda oportunidad Jonás 3:1-10
  14. 14El horno de fuego Daniel 3:13-28
  15. 15Daniel y los leones Daniel 6:10-23

Cómo funciona un Estudio Bíblico de Descubrimiento

Esta página es para ti, el papá, la mamá o el maestro — no para el niño.

Todos los días de este plan tienen la misma forma, y es la misma forma que usan los adultos. Tu trabajo no es explicar el pasaje. Tu trabajo es leerlo, hacer las preguntas y esperar — un niño que aprende estas cuatro preguntas puede entrar a cualquier estudio bíblico por el resto de su vida.

Comer, digerir, crecer

  1. Comer la PalabraLee el pasaje en voz alta dos veces — primero tú, y después deja que lo lea el niño si ya puede. Cierra la Biblia y pídele que lo cuente con sus propias palabras. Este es el paso que todos se saltan, y es el que hace el trabajo. Si sale flojo, léelo otra vez y deja que lo intente de nuevo.
  2. DigerirHaz las cuatro preguntas y deja que el silencio se quede ahí. Un niño de siete años necesita más tiempo del que crees, y lo primero que dice casi nunca es lo que quiere decir.
  3. CrecerEl crecimiento es la parte de Dios, no la tuya. Uno planta, otro riega, pero Dios da el crecimiento (1 Corintios 3:6–7). Haz el día con fidelidad; no tienes que lograr nada tú.

Las cuatro preguntas

Debajo de cada día hay una versión de cada una hecha para niños. Usa esas hasta que le queden bien las normales.

  1. ¿Qué me enseña esto sobre Dios?
  2. ¿Qué me enseña sobre las personas — y sobre mí?
  3. ¿Qué voy a obedecer esta semana?
  4. ¿A quién se lo voy a contar?

Cómo es un día

  • Léelo dos vecesEn voz alta. Tú primero; deja que lo lea él la segunda vez si ya puede.
  • Pídele que lo cuenteCon la Biblia cerrada y con sus propias palabras. Si sale flojo, léelo otra vez.
  • Haz las cuatro preguntasY espera. No le llenes el silencio.
  • Que aterrice un compromisoCada niño termina una frase que empieza con «Voy a…». Pequeño y real es mejor que grande y vago — ponle un nombre y un día.
  • OrenAl final, no al principio. Sus propias palabras son mejores que la oración impresa.

No lo enseñes

El instinto más fuerte que vas a tener es explicar. Resístelo. En el momento en que empiezas a enseñar, el niño deja de descubrir, y cambiaste una habilidad que podía conservar por una respuesta que va a olvidar. Si dice algo que no está en el pasaje, no lo corrijas — pregúntale, con cariño: «¿dónde ves eso en la historia?», y deja que regrese a buscarlo.

Quince o veinte minutos, no una hora. Si se pierden un día, sigan donde se quedaron — lo que empiecen, termínenlo.

Cómo usar este plan

Esta página es para ti, el papá, la mamá o el maestro — no para el niño.

Quince estudios, cinco días entre semana, tres semanas. Un pasaje corto por día. Está hecho para ser todo el tiempo bíblico del niño ese día y para durar quince o veinte minutos, no una hora.

Este es el quinto plan de la línea de la historia. El pueblo ya está en la tierra, y ahora quiere un rey como los demás. Lo que sigue son varios siglos comprimidos en quince días — así que este plan se salta más cosas que los otros, y está bien.

Cómo es un día

  1. Lee el pasaje en voz alta. Dos veces. La primera vez léelo tú. Deja que el niño lo lea la segunda vez si ya puede.
  2. Cierra la Biblia y pídele que lo cuente con sus propias palabras. Este es el paso que todos se saltan, y es el que hace el trabajo. Si sale flojo, léelo otra vez y deja que lo intente de nuevo. No conviertas el recuento en una clase — solo pregunta: «¿y qué pasó después?».
  3. Haz las cuatro preguntas (están justo abajo). Deja que el silencio se quede ahí. Un niño de siete años necesita más tiempo del que crees, y lo primero que dice casi nunca es lo que quiere decir.
  4. Ayúdale a aterrizar un compromiso: una cosa que de verdad va a hacer. Pequeño y real es mejor que grande y vago.
  5. Oren. La oración de cada día está ahí si la quiere usar; sus propias palabras son mejores. Oren al final, no al principio — es una respuesta a lo que encontró, no una pista de lo que se suponía que encontrara.

Las cuatro preguntas

Todos los días, las mismas cuatro:

  1. ¿Qué me enseña esto sobre Dios?
  2. ¿Qué me enseña sobre las personas — y sobre mí?
  3. ¿Qué voy a obedecer esta semana?
  4. ¿A quién se lo voy a contar?

Debajo de cada día vas a encontrar una versión de cada una hecha para niños. Usa esas si la forma normal le queda grande; usa las cuatro normales en cuanto pueda con ellas. Son las mismas cuatro preguntas que usan los planes para adultos, y eso es a propósito: un niño que aprende estas cuatro puede entrar a cualquier estudio bíblico por el resto de su vida.

No lo enseñes

El instinto más fuerte que vas a tener es explicar. Resístelo. En el momento en que empiezas a enseñar, el niño deja de descubrir, y cambiaste una habilidad que podía conservar por una respuesta que va a olvidar.

Si dice algo que no está en el pasaje, no lo corrijas — pregúntale, con cariño: «¿dónde ves eso en la historia?». Deja que regrese a buscarlo. Si algo le queda mal entendido hoy y nadie lo cacha, se lo va a volver a encontrar — la Biblia es larga y Dios es paciente.

El día 7 es una canción, no una historia

El Salmo 23 está puesto a propósito después de los días de David, como la canción del propio David. Trátalo distinto a los otros catorce: léelo despacio, dos veces, y que el recuento sea «¿qué imagen te deja en la cabeza?» en lugar de «¿qué pasó?».

También es el día que más vale la pena memorizar. Un niño que sale de estas tres semanas cargando el Salmo 23 se lleva algo que va a seguir teniendo a los ochenta.

Las famosas

David y Goliat, el horno de fuego, Daniel y los leones: varias de estas historias tu hijo ya las conoce de algún lado, y lo conocido es enemigo del descubrimiento. Cuando diga «esta ya me la sé», ese es justo el momento de hacerle la pregunta 1 de todas formas: ¿qué te enseña sobre Dios? La mayoría de los niños se saben la trama y nunca les han hecho esa pregunta.

Fíjate también en la moraleja que la cultura le cuelga a estas historias — sé valiente como David, sé firme como Daniel. Los pasajes mismos apuntan a otro lado: la batalla es del Señor, hay una cuarta figura en el fuego, Dios les cerró la boca a los leones. Deja que el niño encuentre la diferencia.

Que el compromiso sea real

Ponle un nombre y un día.

✗ «Voy a orar más». ✓ «Voy a orar por Tomás cada noche de esta semana antes de dormirme».

Y después pregúntale al día siguiente, antes de leer. ¿Lo hiciste? ¿A quién se lo contaste? Preguntar es lo que convierte esto de un plan de lectura en una costumbre de obedecer.

Edades, y edades mezcladas

Escrito para más o menos 6 a 12 años. Un niño de seis necesita que se lo leas y va a responder en una frase; uno de once puede leerlo solo y escribir sus respuestas. Si tienes a los dos en la mesa, lee una vez para todos y deja que cada quien responda a su nivel. No los separes — los chicos aprenden a responder oyendo a los grandes hacerlo.

Los días difíciles

  • Día 4 (David y Goliat). Termina con una decapitación. Dilo claro, corto, y pasa a lo que David dijo antes de correr: la batalla es del Señor.
  • Día 10 (el monte Carmelo). A los profetas de Baal los matan justo después de donde termina nuestra lectura. Si tu hijo sigue leyendo y pregunta, no finjas que no está. Es honesto decirle que esto era una pelea por si Dios era real o no, que estaba en juego la vida de todo un pueblo, y que a ti también te cuesta.
  • Día 12 (Jonás). Unos marineros tiran a un hombre al mar. El tono de la historia no es de horror: los marineros hacen todo lo posible por evitarlo y terminan orándole a Dios ellos mismos. Léelo así.

Si se pierde un día

Sigue donde se quedaron. Quince estudios son quince estudios, tarden tres semanas o cinco. Lo que empiecen, termínenlo.