Estudio Bíblico de Descubrimiento
Hacia la tierra prometida
Contenido
- Cómo funciona un Estudio Bíblico de Descubrimiento
- Cómo usar este plan
- 1Sé fuerte y valiente Josué 1:1-9
- 2Rahab esconde a los espías Josué 2:1-14
- 3El río se detiene Josué 3:9-17
- 4Los muros de Jericó Josué 6:1-20
- 5Escojan hoy a quién van a servir Josué 24:14-24
- 6Débora dirige Jueces 4:4-16
- 7Guerrero valiente, ¿yo? Jueces 6:11-24
- 8Demasiados soldados Jueces 7:1-8
- 9Trescientos cántaros y trompetas Jueces 7:16-22
- 10Un niño apartado Jueces 13:1-7
- 11La última oración de Sansón Jueces 16:23-30
- 12A donde tú vayas, yo iré Rut 1:1-18
- 13Bondad en un campo de cebada Rut 2:1-13
- 14Rut pide refugio Rut 3:1-13
- 15Los brazos de Noemí vuelven a estar llenos Rut 4:13-17
Cómo funciona un Estudio Bíblico de Descubrimiento
Esta página es para ti, el papá, la mamá o el maestro — no para el niño.
Todos los días de este plan tienen la misma forma, y es la misma forma que usan los adultos. Tu trabajo no es explicar el pasaje. Tu trabajo es leerlo, hacer las preguntas y esperar — un niño que aprende estas cuatro preguntas puede entrar a cualquier estudio bíblico por el resto de su vida.
Comer, digerir, crecer
- Comer la PalabraLee el pasaje en voz alta dos veces — primero tú, y después deja que lo lea el niño si ya puede. Cierra la Biblia y pídele que lo cuente con sus propias palabras. Este es el paso que todos se saltan, y es el que hace el trabajo. Si sale flojo, léelo otra vez y deja que lo intente de nuevo.
- DigerirHaz las cuatro preguntas y deja que el silencio se quede ahí. Un niño de siete años necesita más tiempo del que crees, y lo primero que dice casi nunca es lo que quiere decir.
- CrecerEl crecimiento es la parte de Dios, no la tuya. Uno planta, otro riega, pero Dios da el crecimiento (1 Corintios 3:6–7). Haz el día con fidelidad; no tienes que lograr nada tú.
Las cuatro preguntas
Debajo de cada día hay una versión de cada una hecha para niños. Usa esas hasta que le queden bien las normales.
- ¿Qué me enseña esto sobre Dios?
- ¿Qué me enseña sobre las personas — y sobre mí?
- ¿Qué voy a obedecer esta semana?
- ¿A quién se lo voy a contar?
Cómo es un día
- Léelo dos vecesEn voz alta. Tú primero; deja que lo lea él la segunda vez si ya puede.
- Pídele que lo cuenteCon la Biblia cerrada y con sus propias palabras. Si sale flojo, léelo otra vez.
- Haz las cuatro preguntasY espera. No le llenes el silencio.
- Que aterrice un compromisoCada niño termina una frase que empieza con «Voy a…». Pequeño y real es mejor que grande y vago — ponle un nombre y un día.
- OrenAl final, no al principio. Sus propias palabras son mejores que la oración impresa.
No lo enseñes
El instinto más fuerte que vas a tener es explicar. Resístelo. En el momento en que empiezas a enseñar, el niño deja de descubrir, y cambiaste una habilidad que podía conservar por una respuesta que va a olvidar. Si dice algo que no está en el pasaje, no lo corrijas — pregúntale, con cariño: «¿dónde ves eso en la historia?», y deja que regrese a buscarlo.
Quince o veinte minutos, no una hora. Si se pierden un día, sigan donde se quedaron — lo que empiecen, termínenlo.
Cómo usar este plan
Esta página es para ti, el papá, la mamá o el maestro — no para el niño.
Quince estudios, cinco días entre semana, tres semanas. Un pasaje corto por día. Está hecho para ser todo el tiempo bíblico del niño ese día y para durar quince o veinte minutos, no una hora.
Este es el cuarto plan de la línea de la historia, después de En el principio, La familia de la promesa y Fuera de Egipto. El pueblo que Dios rescató de Egipto ahora entra a la tierra que le prometió a Abraham tres planes atrás.
Cómo es un día
- Lee el pasaje en voz alta. Dos veces. La primera vez léelo tú. Deja que el niño lo lea la segunda vez si ya puede.
- Cierra la Biblia y pídele que lo cuente con sus propias palabras. Este es el paso que todos se saltan, y es el que hace el trabajo. Si sale flojo, léelo otra vez y deja que lo intente de nuevo. No conviertas el recuento en una clase — solo pregunta: «¿y qué pasó después?».
- Haz las cuatro preguntas (están justo abajo). Deja que el silencio se quede ahí. Un niño de siete años necesita más tiempo del que crees, y lo primero que dice casi nunca es lo que quiere decir.
- Ayúdale a aterrizar un compromiso: una cosa que de verdad va a hacer. Pequeño y real es mejor que grande y vago.
- Oren. La oración de cada día está ahí si la quiere usar; sus propias palabras son mejores. Oren al final, no al principio — es una respuesta a lo que encontró, no una pista de lo que se suponía que encontrara.
Las cuatro preguntas
Todos los días, las mismas cuatro:
- ¿Qué me enseña esto sobre Dios?
- ¿Qué me enseña sobre las personas — y sobre mí?
- ¿Qué voy a obedecer esta semana?
- ¿A quién se lo voy a contar?
Debajo de cada día vas a encontrar una versión de cada una hecha para niños. Usa esas si la forma normal le queda grande; usa las cuatro normales en cuanto pueda con ellas. Son las mismas cuatro preguntas que usan los planes para adultos, y eso es a propósito: un niño que aprende estas cuatro puede entrar a cualquier estudio bíblico por el resto de su vida.
No lo enseñes
El instinto más fuerte que vas a tener es explicar. Resístelo. En el momento en que empiezas a enseñar, el niño deja de descubrir, y cambiaste una habilidad que podía conservar por una respuesta que va a olvidar.
Si dice algo que no está en el pasaje, no lo corrijas — pregúntale, con cariño: «¿dónde ves eso en la historia?». Deja que regrese a buscarlo. Si algo le queda mal entendido hoy y nadie lo cacha, se lo va a volver a encontrar — la Biblia es larga y Dios es paciente.
Dios sigue escogiendo a la persona equivocada
Está pendiente de esto y deja que el niño lo descubra. Una prostituta enemiga. Una jueza. Un hombre escondido en un lagar. Un ejército recortado de treinta y dos mil a trescientos. Una viuda extranjera que no tiene nada. Para la tercera semana, casi todos los niños se dan cuenta solos del patrón, y vale la pena nombrarlo cuando pase: Dios no anda buscando a la persona más fuerte del cuarto.
Esto importa más de lo que parece. A un niño que lo aprende aquí le va a costar mucho más creerse después que es demasiado pequeño, demasiado joven, demasiado común o que ya se echó todo a perder como para servirle a Dios.
Que el compromiso sea real
Ponle un nombre y un día.
✗ «Voy a ser más valiente». ✓ «El miércoles me voy a sentar con Sofía en el recreo aunque a mis amigos no les guste».
Y después pregúntale al día siguiente, antes de leer. ¿Lo hiciste? ¿A quién se lo contaste? Preguntar es lo que convierte esto de un plan de lectura en una costumbre de obedecer.
Edades, y edades mezcladas
Escrito para más o menos 6 a 12 años. Un niño de seis necesita que se lo leas y va a responder en una frase; uno de once puede leerlo solo y escribir sus respuestas. Si tienes a los dos en la mesa, lee una vez para todos y deja que cada quien responda a su nivel. No los separes — los chicos aprenden a responder oyendo a los grandes hacerlo.
Los días difíciles
Josué y Jueces son libros de guerra. Dos días tienen peso de verdad:
- Día 6 (Débora y Barac). Hay una batalla, y al comandante enemigo lo mata una mujer con una estaca de tienda justo después de donde termina nuestra lectura. Si tu hijo sigue leyendo y pregunta, dile claramente qué pasó y déjalo ahí. Lo que al pasaje mismo le interesa es que Dios dio la victoria y que el crédito se lo llevó alguien que nadie esperaba.
- Día 11 (la última oración de Sansón). Sansón muere, y con él todos los que están en el edificio. Dilo corto y claro. No lo conviertas en un héroe — la lectura honesta es que desperdició casi todo lo que Dios le dio, oró una sola vez al final, y Dios de todos modos lo escuchó. Ese es el punto del día, y es más amable que «sé fuerte como Sansón».
Puede salir una pregunta más grande: ¿por qué había tanta guerra? No necesitas una respuesta completa. «Dios le estaba dando un hogar a su pueblo, y la gente que ya vivía ahí llevaba mucho tiempo haciendo cosas terribles» es honesto y alcanza por ahora. También se vale decir: «yo tampoco lo entiendo todo».
Si se pierde un día
Sigue donde se quedaron. Quince estudios son quince estudios, tarden tres semanas o cinco. Lo que empiecen, termínenlo.